El planeta en llamas: 2025 marca un récord histórico con África y América del Sur como protagonistas silenciosos

Hoy, 4 de mayo, se conmemora el Día Internacional del Combatiente de Incendios Forestales, una fecha que en 2026 adquiere una relevancia especial tras el año más devastador registrado en la Unión Europea desde que existen mediciones por satélite. Según los datos del Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS) del programa Copernicus, en 2025 ardieron en la UE más de 1.079.000 hectáreas, una superficie equivalente a la isla de Chipre y casi el doble de la media del período 2006-2024. La Península Ibérica concentró dos tercios de toda el área quemada, con 452.000 hectáreas en el Estado español y 270.000 en Portugal. Sin embargo, estas cifras palidecen al ampliar el foco al Sur Global. África concentró más de la mitad de la superficie total quemada en el planeta, con alrededor de 246 millones de hectáreas afectadas, un área equivalente a casi el 60 % de la UE. Esto evidencia una realidad global desigual y poco visibilizada.

La acción humana continúa siendo el principal detonante en la mayoría de las regiones. En Galicia, donde ardieron 118.966 hectáreas en 1.492 focos, se estima que más del 70 % de los incendios fueron intencionados. No obstante, el informe «State of Wildfires 2024–2025» señala que la sequía prolongada fue el factor dominante en los episodios extremos registrados en Sudamérica y la cuenca del Congo. La combinación de quemas agrícolas, abandono rural, acumulación de biomasa y un clima más extremo configura un escenario de alto riesgo.

Las evidencias científicas son claras. El cambio climático ha aumentado drásticamente la probabilidad de condiciones extremas para incendios, entre 30 y 70 veces en el noreste de la Amazonía y entre 3 y 8 veces en la cuenca del Congo. Esto implica temporadas de incendios más largas e intensas, incluso en zonas históricamente menos afectadas.

Las consecuencias van más allá de la superficie quemada y revelan una profunda injusticia climática. Mientras incendios en Los Ángeles (con 23.000 hectáreas quemadas) generaron pérdidas aseguradas de 40.000 millones de dólares, los incendios en África apenas tuvieron visibilidad internacional ni compensaciones económicas proporcionales. Los costes invisibles (degradación ambiental, pérdida de medios de vida o impactos en la salud) suelen quedar fuera de las estadísticas oficiales.

Además, en 2024-2025 los incendios causaron víctimas mortales en distintas regiones (100 en Nepal, 34 en Sudáfrica y 30 en Los Ángeles), lo que confirma que la amenaza es global, pero la respuesta sigue siendo desigual.

La falta de políticas públicas centradas en la prevención agrava un escenario que los expertos califican como una “nueva era de incendios de gran magnitud”. Frente al modelo tradicional basado casi exclusivamente en la extinción, la comunidad científica reclama un giro hacia la gestión activa del territorio: creación de mosaicos agroforestales que rompan la continuidad del paisaje, recuperación de tierras agrícolas abandonadas y planificación de la interfaz urbano-forestal para proteger a las poblaciones.

Las proyecciones indican que, sin medidas, los incendios extremos podrían aumentar hasta un 57 % en la Amazonía y un 50 % en la cuenca del Congo a finales de siglo. Sin embargo, con políticas climáticas ambiciosas, este incremento podría limitarse a menos del 15 %. La conclusión es clara: la prevención y la reducción de emisiones son claves para frenar la expansión de los incendios en un planeta cada vez más cálido.

Fuentes:

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