En el contexto de la Segunda República y la Guerra Civil en el Estado Español, surgió una organización que marcó un hito en la historia del feminismo de la clase trabajadora. «Mujeres Libres» , fundada en 1936, no era simplemente una agrupación femenina dentro del anarquismo, sino una organización autónoma que luchaba por la doble emancipación: la social y la de género. Sus integrantes, conscientes de que la revolución no acabaría automáticamente con la subordinación de las mujeres, se enfrentaron a lo que ellas denominaban la «triple esclavitud»: la de la ignorancia, la de la condición de mujer y la de la explotación laboral.
Para romper la primera cadena, la de la ignorancia, «Mujeres Libres» desarrolló una intensa labor educativa y de formación técnica. La organización entendía que la capacitación era la herramienta fundamental para que las mujeres pudiesen valerse por sí mismas y participar en igualdad en la sociedad. Crearon escuelas de alfabetización, bibliotecas ambulantes y, de manera pionera, impartieron cursos de mecánica, electricidad y conducción, oficios tradicionalmente reservados a los hombres. Esta labor no solo buscaba la cualificación profesional, sino que pretendía que las mujeres «reconociesen y actuasen sus propias capacidades», convirtiéndose en sujetos activos de su propia vida.
La participación en el movimiento obrero y la solidaridad fueron los otros pilares de su lucha. A pesar de las reticencias de algunos sectores del movimiento libertario, «Mujeres Libres» se integró en la CNT y organizó a las mujeres en sindicatos específicos, como el Sindicato de Emancipación Femenina en Jerez, que llegó a afiliar a unas 1.500 trabajadoras del servicio doméstico y textil. En tiempos de guerra, su solidaridad se materializó en la creación de guarderías y colonias infantiles para acoger a los hijos e hijas de las personas que luchaban en el frente o de las que fallecían, como la conocida Colonia «Espartaco» en Argentona, donde se aplicaba una pedagogía basada en la libertad y el apoyo mutuo.
Detrás de este proyecto hubo mujeres cuyas trayectorias vitales merecen ser rescatadas del olvido. Figuras como la poeta Lucía Sánchez Saornil, la médica Amparo Poch i Gascón o la sindicalista María Luisa Cobo fueron referentes que desafiaron los roles establecidos. Su historia, truncada por la victoria franquista y el posterior exilio, demuestra que la memoria histórica es también «memoria feminista». «Mujeres Libres» dejó un legado fundamental para los feminismos posteriores al demostrar que la lucha de clases y la lucha de las mujeres son inseparables y que, como escribió una de sus militantes, aun con las «alas truncadas», la experiencia emancipadora es «un tesoro inapreciable».
📸 Congreso Nacional de la Federación de Mujeres Libres 1937.