La cifra de 1,5° fue el límite crítico que 195 naciones establecieron en el “Acuerdo de París” de la COP21 (2015), motivado por las múltiples evidencias científicas que vaticinaban que un aumento mayor de la temperatura media del planeta tendría consecuencias devastadoras e irreversibles para la vida en la tierra. Lejos de actuar en consecuencia, el colofón de casi una década de inacción es que 2024 se convirtió en el año más caluroso jamás registrado y el primero con una temperatura superior a la cifra límite de 1,5°. Además, también batió el récord global de emisiones fósiles de CO2.
La catástrofe ecológica y climática a la que nos enfrentamos es global. Sin embargo, las responsabilidades de esta situación y, por lo tanto, de la necesaria solución a través de una transición hacia un sistema que respete los límites biofísicos del planeta, recaen en actores muy concretos. En primer lugar aparecen las grandes potencias internacionales, que tienen una enorme responsabilidad tanto por ser los principales agentes causantes del cambio climático como por tener una enorme capacidad para combatirlo de manera efectiva. En segundo lugar, son las transnacionales quienes, apoyadas por el poder financiero, provocan un enorme desequilibrio ambiental a través de los diversos procesos de extracción y control de los recursos naturales. Por último, los medios de comunicación y las redes sociales, que cuentan con un papel primordial en el establecimiento del marco discursivo y la “agenda”, a menudo suelen funcionar como una extensión de los poderes económico-políticos.
Una parte fundamental de la reparación de la crisis climática pasa porque los causantes asuman su responsabilidad en el problema y paguen la deuda climática. Sin embargo, durante los últimos 30 años la legislación internacional sobre comercio e inversiones viene primando sobre la emergencia climática. Esto no es más que un síntoma de que el problema al que nos enfrentamos es estructural, y por lo tanto resolver la crisis no es una cuestión de disciplina individual. Los debates sobre cómo abordar la crisis climática suelen girar en torno a las diversas propuestas de Green New Deal, si bien es un debate falaz ya que el capitalismo no puede resolver la crisis climática, pues este es la principal causa de esta crisis. El capitalismo verde pretende mitigar los síntomas del capitalismo —calentamiento global, extinción masiva de especies, destrucción de ecosistemas— sin transformar el modelo de acumulación y consumo que viene causando esta situación.
ECOAR))) cree que el capitalismo es un sistema inherentemente dañino para las personas y el medioambiente. Trabajamos para señalar y confrontar a los y a las responsables de la crisis ecológica y climática, así como para construir soluciones fundamentadas en la idea de que solo se puede dar un cambio estructural a través de una lucha colectiva y solidaria que se aleje de la perspectiva que propone solucionar un problema de calado y ámbito global a través de una sucesión de actos individuales:
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