«The Pruitt-Igoe Myth»: racismo y clasismo institucionales disfrazados de fracaso arquitectónico

El documental «The Pruitt-Igoe Myth» (2011), dirigido por Chad Freidrichs, cuenta la historia del complejo de vivienda pública Pruitt-Igoe, construido en 1954 y demolido en 1976 en Saint Louis (Estados Unidos). El autor expone las causas socioeconómicas y el racismo y clasismo institucionales que provocaron el fracaso de este proyecto, utilizado durante décadas por determinados sectores para justificar ideas racistas y presentar la vivienda pública como un modelo condenado al fracaso en los Estados Unidos.

El complejo Pruitt-Igoe fue concebido al amparo de la Federal Housing Act de 1949, una iniciativa federal que proporcionaba fondos a las ciudades para la eliminación de barrios degradados («slums»), la reurbanización del espacio urbano y la construcción de vivienda asequible. La legislación, que proclamaba el objetivo de «un hogar digno y un entorno de vida adecuado para cada familia estadounidense», se basaba en la premisa de que los problemas sociales podían resolverse simplemente mediante la provisión de vivienda, sin atender a las causas estructurales que sostenían la desigualdad.

En el artículo «The Pruitt-Igoe Myth», publicado en 1991, Katharine G. Bristol, profesora de la Universidad de California en Berkeley, argumenta que el fracaso del complejo no fue consecuencia de su arquitectura ni de sus residentes (las tesis dominantes hasta entonces), sino que respondió a factores estructurales socioeconómicos de la ciudad de Saint Louis y a determinadas decisiones políticas.

Por una parte, no hubo una previsión correcta de los flujos demográficos. En aquellas décadas, una parte importante de la población blanca estadounidense de clase media se trasladó a las áreas metropolitanas, donde podía acceder a viviendas más económicas. Esto aumentó la disponibilidad de vivienda asequible dentro de la ciudad. Además, la ubicación del proyecto en el North Side de Saint Louis, una zona donde se concentraba la población negra y con menos recursos, contribuyó a reforzar la segregación desde el inicio.

Por otra parte, el reducido presupuesto destinado al proyecto provocó que su construcción se realizara con materiales de muy baja calidad, lo que aceleró la degradación del complejo desde el momento de su inauguración. La calidad de los materiales era tan deficiente que el deterioro resultaba inevitable: los pomos y las cerraduras se rompían en el primer uso y los marcos de las ventanas no resistían la presión del viento.

Estos factores, junto con las estrictas normas que el gobierno imponía a las personas residentes, como la prohibición de que los padres permanecieran en el hogar, provocaron un éxodo progresivo de la población con más recursos, permaneciendo únicamente los hogares con rentas más bajas. Según la Ley de Vivienda de 1949, los costes de mantenimiento de los proyectos debían ser asumidos por las autoridades locales de vivienda a partir de los alquileres cobrados a las personas inquilinas. Esta situación provocó una grave falta de mantenimiento por insuficiencia de fondos, acelerando el declive del complejo. La espiral de degradación y violencia se intensificó hasta que las autoridades locales lo consideraron inhabitable y ordenaron su demolición definitiva en 1976.

La demolición controlada de los tres primeros edificios en 1972 fue retransmitida por televisión y se convirtió en una imagen emblemática que durante décadas se utilizó como símbolo del supuesto fracaso de la arquitectura modernista y de la vivienda pública. También sirvió para legitimar discursos racistas que atribuían supuestas patologías culturales a las personas residentes.

El documental «The Pruitt-Igoe Myth» recoge las tesis de Bristol y pone el foco en las verdaderas causas institucionales y estructurales del fracaso del proyecto, al tiempo que da voz a las personas que vivieron en él.

La Ley de Vivienda de 1949 se utilizó como un mecanismo para eliminar a las clases desfavorecidas de los centros urbanos con el objetivo de favorecer el desarrollo económico y la revalorización del suelo. El racismo económico e institucional, materializado en la falta de mantenimiento, en la construcción deficiente derivada de los recortes presupuestarios y en la ausencia de servicios básicos, contribuyó a la creación de nuevos guetos de pobreza y segregación racial, donde la población negra y migrante quedó confinada con escasas posibilidades de movilidad social.

Tanto el documental como el artículo de Katharine G. Bristol siguen siendo herramientas fundamentales para comprender los límites de las políticas de vivienda cuando no van acompañadas de otras medidas destinadas a combatir las desigualdades económicas y sociales. El caso de Pruitt-Igoe muestra que la construcción de vivienda asequible, por sí sola, no es suficiente para garantizar la integración social ni la igualdad de oportunidades. Para reducir la segregación y la exclusión es necesario complementar las políticas de vivienda con estrategias de redistribución de la riqueza, acceso al empleo, inversión en servicios públicos y desarrollo comunitario que permitan afrontar las causas estructurales de la desigualdad.

Documental: https://vimeo.com/857879100

Fuentes

Contidos relacionados