La ocupación marroquí del Sáhara Occidental configura una violación prolongada del derecho internacional, con Francia desempeñando un papel estratégico como aliado político y económico de Marruecos. Se analiza aquí cómo el Estado francés, mediante su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU y sus acuerdos comerciales con Rabat, perpetúa el sufrimiento del pueblo saharaui.
Se han documentado operaciones empresariales francesas en la explotación ilegal de recursos naturales del territorio ocupado, especialmente fosfatos y pesca, en clara contravención de las sentencias del Tribunal de Justicia de la UE. Esta dinámica ilustra la alianza neocolonial que prioriza intereses geopolíticos frente a la legitimidad del Frente Polisario y al referéndum de autodeterminación pendiente desde 1991.
En paralelo, se observa el apoyo táctico de París a la militarización del muro marroquí, con ventas de armamento y asistencia en inteligencia que fortalece la represión en los territorios ocupados. Esta política contradice declaraciones formales sobre derechos humanos y evidencias de crímenes documentadas por organizaciones como Amnistía Internacional.
A lo anterior, podemos añadir el papel de otras potencias como España, antigua potencia colonial, que mantiene una complicidad estructural bajo el pretexto de la «neutralidad activa». Su connivencia se materializa en acuerdos energéticos y de seguridad, en especial el gasoducto Magreb-Europa y la cooperación fronteriza, que refuerzan intereses corporativos en detrimento de los derechos saharauis. Estados Unidos y la Unión Europea complementan este eje de opresión mediante tratados comerciales que legitiman la explotación del territorio ocupado, mientras silencian las violaciones sistemáticas. Esta red de alianzas transnacionales desenmascara una arquitectura imperial donde el capital transnacional y los estados del norte global subvencionan la ocupación mediante diplomacia extractivista, coordinando desinformación mediática y saboteando cualquier iniciativa real de autodeterminación.
La responsabilidad histórica exige presión internacional para romper esta complicidad. Conocer estos mecanismos es fundamental para desmontar narrativas de neutralidad y activar redes de resistencia solidaria con la lucha saharaui, en línea con el compromiso anticolonial que articula acciones globales por la justicia.