Como venimos diciendo y a nadie se le escapa, el avance de la extrema derecha en Europa ha dejado de ser una excepción para convertirse en la norma que reconfigura el poder político en el continente. En Alemania, Alternativa para Alemania (AfD) lidera las encuestas federales con un 29%. En los «länder» del este, su ventaja es arrolladora: Sajonia-Anhalt ronda el 42% y Mecklemburgo-Antepomerania el 35%. El fantasma de un gobierno ultra en un Estado federado, algo inédito desde la posguerra, es ya una posibilidad real.
Alemania no es un caso aislado. En el Reino Unido, el Reform UK de Farage arrasó en las locales de mayo: 1.369 concejales y 13 ayuntamientos, mientras el laborismo colapsaba con 1.277 pérdidas. En Francia, el RN de Le Pen domina las encuestas para 2027 con un 36%, y en el Estado español, Vox irrumpió en Andalucía con 15 escaños en las autonómicas de mayo y destaca la reciente creación de Noviembre Nacional que, aunque residual, evidencia el momento político presente. Italia, con Meloni en el poder desde 2022, es el laboratorio de una ultraderecha que ya no pide permiso, sino que impone políticas abiertamente fascistas.
El viejo «cordón sanitario» que marginaba a estas fuerzas se ha desvanecido. Ahora juegan un papel central en el Parlamento Europeo y en el Consejo de la UE, y el European Policy Centre confirma su tendencia «intacta». Con los recientes acontecimientos en la frontera de las ciudades autónomas del Estado, asistimos a un recrudecimiento del discurso racista, y la aprobación de centros de repatriación fuera de las fronteras comunitarias, una medida impulsada por Italia que evidencia cómo las tesis ultras se han convertido en política oficial de Bruselas, parece la prueba de esta tendencia.
Mientras, la lucha continúa en las calles. En Erfurt, 31.000 personas protestaron contra la AfD; en Francia, el asesinato del activista Deranque alimentó marchas neonazis; y en Milán, Salvini movilizó a miles contra la inmigración. Europa no vive una simple ola reaccionaria: enfrenta una toma de poder institucional y social que exige una respuesta a la altura.