¿Qué está pasando en Bolivia? Las claves de la rebelión popular

A más de un mes desde el estallido social en Bolivia, el gobierno de Rodrigo Paz sigue sin responder a las demandas de la población y aumenta la represión: la recién promulgada ley 1740 que regula el Estado de Excepción da carta blanca a las fuerzas armadas y policiales a matar y torturar con impunidad. La represión y manipulación mediática no han podido impedir las protestas multitudinarias, bloqueos y cortes de carreteras, en una insurrección campesina, obrera e indígena que engloba actores muy diversos. Entre ellos, la Central Obrera Boliviana (COB), el sindicato paceño Tupac Katari y Los Ponchos Rojos, además de los sectores de médicos, el profesorado, el estudiantado, la minería, el transporte y las Federaciones Departamentales de las Juntas Vecinales.

El origen de esta rebelión está en la reestructuración de hegemonías y la crisis política en la que lleva sumida el país desde el golpe de estado de 2019: la extrema derecha no aceptó los resultados de las elecciones que volvían a dar la presidencia a Evo Morales, e inició una escalada de violencia contra el MAS (Movimiento al Socialismo) contando con el apoyo de fuerzas armadas y policiales que terminó en la renuncia de Evo Morales y su inhabilitación para presentarse a elecciones en 2020 y 2025. Esto también provocó el quiebre entre los distintos sectores del MAS y la ruptura entre Morales y Luis Arce, nuevo líder del MAS, llegando el partido muy debilitado a las elecciones de 2025, que ganó Rodrigo Paz.

En este contexto, Rodrigo Paz entra en el gobierno con el eslogan “Capitalismo para todos” y ya en diciembre de 2025, empieza a aplicar medidas extractivistas y racistas que van tan de la mano del capitalismo: el decreto 5503 implicaba el control de recursos naturales saltándose la constitución, y provocando una subida enorme del precio del combustible. Este gobierno, además, no tarda en reestablecer relaciones con EEUU y el estado genocida de Israel. Esto conlleva el regreso de la DEA (administración de control de drogas de EEUU), a pesar de las numerosas denuncias por corrupción, y de un aumento de la vigilancia: teléfonos intervenidos por la inteligencia israelí y uso de drones en manifestaciones.

Pero todo estalla con la nueva ley anticonstitucional 1720, que contraviene la tenencia de la tierra para los pueblos indígenas. La amazonía boliviana se moviliza sin obtener respuesta del estado, y se organiza una marcha de 29 días hacia la sede gubernamental. La respuesta de Rodrigo Paz es el desprecio a lxs manifestantes, acusándoles de estar pagados por Evo Morales y negándose a reunirse con ellxs. En su lugar, se reúne con el sector de la agroindustria y la minería, anunciando un nuevo paquete de leyes que amenazan aún más a los pueblos indígenas y a los territorios, así como a la educación y la sanidad. También se pacta la explotación de litio por empresas estadounidenses y una subida de la tarifa de la luz.

Tras días de intensas movilizaciones, paros y bloqueos en el país, el 13 de mayo Paz abroga la ley 1720, pero la escasez de alimentos, la corrupción y la represión brutal a las movilizaciones, con más de 400 detenidxs y más de 300 heridxs, hacen que el pueblo exija la renuncia del gobierno de Rodrigo Paz. Las demandas de la población incluyen también la oposición a las medidas de austeridad del Fondo Monetario Internacional (FMI), la oposición a la ley de tierras, el fin del subsidio a los hidrocarburos y la oposición al retorno de la DEA.

La insurreción popular nace desde la rabia, la dignidad y el hambre, sin miedo. La articulación de diversos movimientos sociales (feminismos, disidencias, movimientos de trabajadores…) entienden las luchas como interconectadas, con las mismas raíces. Urge una descolonización efectiva y un autogobierno del pueblo, pues las democracias neoliberales ya no sirven. En Bolivia se escucha el clamor por la unificación de Abya Yala frente al imperialismo.


Fuentes:

Contidos relacionados

Mitin-del-KPD-1932
+ info
imaxe
+ info
MC_Sionismo_Foto_WbX (c)
+ info