Decía Karl Popper, filósofo austro-británico de mediados del siglo pasado, que una sociedad verdaderamente tolerante debería tener el derecho de rechazar las posturas intolerantes. Esto es lo que se conoce como paradoja de la tolerancia: tolerar la intolerancia solo lleva a más intolerancia.
Hoy en día vemos cómo las posturas de la extrema derecha (racistas, misóginas, homófobas…) llenan los medios de comunicación generalistas. Las televisiones ganan más dinero con personajes que dicen barbaridades y difunden mensajes llenos de odio porque esto genera audiencia. Las redes sociales generalistas amplifican estos mensajes, no solo porque estén en manos de oligarcas conservadores, sino porque incluso la izquierda les da visibilidad: estos mensajes generan polémica, debate, reacciones de rechazo, y todo esto sube las interacciones, que es lo que los algoritmos promocionan. Proyecto UNA lo explican en su libro “La viralidad del mal”.
Todo esto repercute en la normalización de estas posturas de odio. El concepto de la ventana de Overton representa las ideas aceptables por la sociedad como una ventana estrecha que puede moverse hacia un lado o hacia el otro de la siguiente manera: una idea determinada, por ejemplo la prohibición del aborto, empieza siendo impensable en una sociedad democrática. Con la emergencia de la extrema derecha en medios, esta postura intolerante al principio genera indignación de la izquierda y se empieza a debatir, por lo que ya pasa a ser radical. Conforme más se debate en medios y redes, se normaliza esta postura y va siendo cada vez más aceptable, hasta que puede llegar a parecer sensata, llegar a ser popular y hasta política, convirtiéndose en ley.

Pero hay formas de combatir la normalización de la extrema derecha y su ideario. Un ejemplo es el cordón sanitario, medida por la cual se decide no dar cabida a estas ideas. En Bélgica, sobre todo en la región francófona, lxs periodistas no invitan a personajes de extrema derecha a las entrevistas ni dan informaciones relativas a estos partidos. Esta es una forma de evitar la normalización de discursos contrarios a los valores democráticos.
En redes, se recomienda no interaccionar con ideas reaccionarias, para no darles visibilidad ni entrar en los marcos que quieren imponer. En las calles, la organización popular y el movimiento antifascista es clave para mantener a raya a la extrema derecha. El fascismo no se debate, se combate.