La anulación de la condena a Xosé Humberto Baena, cincuenta años después de su asesinato

El 27 de septiembre de 1975, cuando la dictadura franquista agonizaba, fueron ejecutados los cinco últimos fusilados del régimen dictatorial. Entre ellos estaba Xosé Humberto Baena Alonso, un joven vigués de 24 años militante del FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriota). Fue detenido y acusado bajo montaje policial y juzgado por un consejo de guerra sumarísimo que presentó numerosas irregularidades. No se admitieron pruebas ni testigos de la defensa, los abogados fueron expulsados de la sala y la sentencia se basó en declaraciones autoinculpatorias obtenidas bajo tortura. Un observador de la Liga Internacional para la Defensa de los Derechos Humanos calificó el proceso de «simulacro» y «farsa siniestra».

La familia nunca aceptó la versión oficial. Su padre se presentó ante el Tribunal Militar de Madrid con pruebas que demostraban su inocencia, pero la petición fue desestimada. La documentación relacionada con la defensa fue destruida en un misterioso incendio provocado en su casa. La hermana, Flor, continuó la batalla legal durante décadas, recurriendo al Tribunal Constitucional, al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo y a la ONU, donde recibió siempre la misma respuesta: el Estado español no había firmado los tratados correspondientes en aquella época.

Hace hoy un año, cincuenta años después del asesinato por parte del entonces gobierno del Estado español, el actual Gobierno del Estado español entregó a la familia la «Declaración de reconocimiento y reparación personal», una figura prevista en la Ley de Memoria Democrática de 2022. Firmada por el ministro de Política Territorial y Memoria Democrática, la declaración establece que Baena «padeció persecución por razones políticas e ideológicas durante la dictadura franquista». Declara «ilegal e ilegítimo el tribunal» que lo juzgó, así como «ilegítima y nula la condena» dictada contra él. Este reconocimiento no supone indemnización económica, pero supone una reparación moral para su memoria y para la democracia.

La anulación de la condena de Baena trasciende el caso particular. Las cinco ejecuciones del 27 de septiembre de 1975 provocaron una ola de protestas internacionales e incluso una petición de clemencia del papa Paulo VI. El poeta Luis Eduardo Aute les dedicó la canción Al alba, que burló la censura y se convirtió en un himno contra la pena de muerte.

Si bien este paso es fundamental, la lucha continúa y quedan muchos pasos por dar en favor de la memoria, la verdad y la justicia. Solo así es posible aprender de la historia para no repetirla.


Fuentes:

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