La cara oculta de la IA: la destrucción social y ambiental de los centros de datos

El auge de la inteligencia artificial está impulsando una expansión sin precedentes de los centros de datos en todo el mundo. Esta infraestructura digital, que se concibe como «la nube», es en realidad una red de instalaciones físicas que consumen enormes recursos y cuya huella ecológica es mayor de lo que se estimaba.

Los centros de datos suponen una grave afección para la población, tanto para la que vive en el entorno directo como para aquella más alejada. El funcionamiento continuo de los ventiladores y generadores genera zumbidos constantes e infrasonidos que no se oyen pero se sienten, lo que causa graves problemas de sueño y estrés. Además, la ubicación de estas instalaciones suele provocar problemas de calidad del aire por las emisiones, especialmente cuando funcionan con generadores de gas de apoyo. Por otra parte, uno de los argumentos con los que gobiernos y corporaciones defienden estas infraestructuras es la creación de puestos de trabajo en la zona, pero la realidad es que son temporales durante la fase de construcción y los posteriores son técnicos y cubiertos con personal ajeno a la localidad. Por último, los sistemas de refrigeración consumen millones de litros de agua, mientras que el gasto eléctrico es masivo. Un solo centro puede consumir tanta energía como 50.000 hogares, lo que puede repercutir en la factura de la luz y saturar la red. Por ejemplo, el centro de datos de Microsoft en Middenmeer representa más del 1% del consumo eléctrico total de los Países Bajos.

En lo referente al impacto ambiental, en un escenario de emergencia climática como el actual, donde este verano se vuelven a batir nuevos récords de temperaturas en todo el planeta y donde desde hace unas semanas parece confirmarse el colapso de la AMOC (Circulación Meridional de Giro del Atlántico), el hiperdesarrollo de los centros de datos no hace más que acelerar la situación actual de manera vertiginosa. Un estudio reciente de la compañía Allianz Trade revela que estos complejos emitieron 286 millones de toneladas de dióxido de carbono en 2025, una cifra un 57% superior a las estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía. La inteligencia artificial ya representa entre el 15% y el 20% del consumo eléctrico de estos centros, una proporción que podría alcanzar el 40% en 2030. Sin medidas para descarbonizar las redes, las emisiones podrían duplicarse, provocando daños climáticos anuales estimados en 154.000 millones de dólares, frente a los 68.000 millones actuales. Según datos de la ONU, el consumo eléctrico de los centros de datos alcanzará los 448 teravatios-hora (TWh) en 2025, lo que los situaría como el 11º país más consumidor del mundo, por detrás de Francia.

Pero el impacto no se limita a la huella de carbono. El consumo de agua, especialmente para sistemas de refrigeración, es igualmente crítico. Se estima que los centros de datos podrían requerir entre 9.000 billones de litros de agua hasta 2030, un volumen comparable al consumo de 1.300 millones de personas en el continente africano. Además, esta presión sobre los recursos hídricos se concentra cada vez más en regiones con estrés hídrico, como Corea del Sur, India, México o partes de China.

Frente a esta situación, basada en un modelo de expansión descontrolada que devora comunidades y medio ambiente, la población está empezando a movilizarse y a responder cada vez con más fuerza, presionando a las autoridades para alcanzar moratorias o abrir procesos judiciales que permitan conservar su territorio, sus recursos y su vida.


Fuentes

Contidos relacionados

MC_Novo Macartismo_Foto_WbX (c)
+ info
ins
+ info
_La+dictadura+es+terrorismo__+50+aniversario+de+los+cinco+últimos+fusilados+del+franquismo-2063503009
+ info