Desde 1944, las instituciones nacidas de los acuerdos de Bretton Woods, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, se reúnen cada primavera en Washington. En estas reuniones se toman decisiones sobre la economía a nivel global, decisiones tomadas por el Norte Global que marcan la agenda política y económica del Sur Global.
La estructura de poder de estos organismos responde aún a la correlación de fuerzas de 1944. El sistema de votos ponderados, donde el peso de cada país depende de su contribución financiera, otorga a las grandes potencias, especialmente a EE UU, un control efectivo sobre las decisiones. Esta configuración refleja un orden mundial colonial que margina a los países del Sur Global en los asuntos que afectan a su propio desarrollo.
El principal mecanismo de influencia del FMI y el Banco Mundial reside en la gestión de la deuda. Los préstamos que conceden a países del sur son muchas veces ilegítimos (deudas injustas), ilegales (van en contra del derecho internacional) u odiosos (van en contra de los intereses de la población). Estos préstamos vienen acompañados de programas de ajuste que imponen recetas económicas homogéneas: privatizaciones, liberalización comercial y austeridad fiscal. Además, los pagos de la deuda son incompatibles con la financiación de una transición energética justa y de la resiliencia climática de países del Sur Global.
Las consecuencias sociales de estas políticas están documentadas. En países como Argentina o Nigeria, las medidas de ajuste estructural provocaron un aumento de la pobreza y la precarización, mientras garantizaban el pago de la deuda a los acreedores internacionales. Los pagos de la deuda en países como Zambia representan el 43.5% de su capital total. En 2023, el Sur Global pagó más de 12 veces lo que gastó en pagos de deuda que en adaptación climática.
Se han propuesto mecanismos como los canjes de deuda, mediante los cuales un gobierno cancela o reestructura parte de su deuda a cambio de un objetivo, como por ejemplo invertir en la lucha contra la crisis climática. Sin embargo, estos canjes legitiman la deuda obtenida de forma ilegítima y pueden ser ejemplos de lavado verde colonialista. Las auditorías ciudadanas de la deuda son, sin embargo, herramientas que permiten analizar las condiciones en las que se adquirió esa deuda y los impactos en los pueblos, como ocurrió con el ejemplo de Ecuador. Estas auditorías, que ya se están llevando a cabo en otros países como Brasil y Senegal, permiten repudiar la deuda ilegítima y desafiar el sistema internacional de la deuda.
Las reuniones de primavera de este año tendrán lugar entre el 13 y el 18 de abril, en Washington, D.C, donde se espera una gran movilización de rechazo a estas instituciones promovida por movimientos sociales como Deuda por el Clima, que demanda la anulación total e incondicional de la deuda del sur global.
Fuentes
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FMI. (2026). Spring Meetings 2026. Recuperado de https://www.imfconnect.org/content/imf/en/meetings/SM26.html
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Oxfam Intermón. (2025). A débeda que asfixia: o impacto das políticas do FMI no sur global. Recuperado de https://www.oxfam.org/es/informes
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Development Finance International (2023, 29 de novembre). 29 November – New Debt Service Watch briefing: The debt crisis is putting climate adaptation spending out of reach. Recuperado de https://www.development-finance.org/en/news/832-debt-service-watch
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Deuda por el Clima: https://www.debtforclimate.org/es