Europa cede ante Washington solo para recibir más presión

US President Donald Trump (R) and European Commission President Ursula von der Leyen (L) speak to the press after agreeing on a trade deal between the two economies following their meeting, in Turnberry south west Scotland on July 27, 2025, on the third day of his visit to the country, since his second tenure as President began. US President Donald Trump said on July 27, 2025 that he had reached a trade agreement with European Union chief Ursula von der Leyen. "We have reached a deal. It's a good deal for everybody," Trump told reporters after talks with von der Leyen at his golf resort in Turnberry, Scotland. The EU chief also hailed it as a "good deal". (Photo by Brendan SMIALOWSKI / AFP)

 

La Administración de Donald Trump intensificó en 2026 una estrategia de coerción sobre sus aliados europeos que ya se describe abiertamente como vasallaje. Tras su intervención en América Latina, Washington trasladó su modelo de coerción al continente europeo, donde la resistencia aún se mantiene frente a una ultraderecha artificial que actúa como correa de transmisión. El vasallaje al imperio se remonta a la posguerra, pero ahora se intensifica de manera explícita y multidimensional. El reciente acuerdo entre Dinamarca y EEUU respecto a Groenlandia podría convertirse en un mal precedente.

La presión militar y económica se materializó en amenazas directas. En enero de 2026, la Casa Blanca anunció un arancel del 10% a ocho aliados de la OTAN, que se elevaría al 25% en junio como represalia por la «actividad militar en Groenlandia». Paralelamente, la retirada de 5.000 soldados estadounidenses de Alemania y la amenaza de abandonar la OTAN se convirtieron en herramientas de coerción para exigir un mayor gasto en defensa.

El Reino Unido y Alemania ilustran la rendición parcial y sus consecuencias. Londres vio cómo Washington amenazaba con revisar su apoyo a la soberanía británica sobre las Islas Malvinas si no aumentaba el gasto militar. Alemania aceptó una militarización acelerada que beneficia directamente a la industria armamentística estadounidense. El canciller Friedrich Merz anunció en julio de 2026 un acuerdo para comprar misiles de crucero «Tomahawk» y desplegarlos en territorio alemán, con una inversión prevista de casi 3.400 millones de euros. Esta operación coincide en el tiempo con una venta separada de sistemas navales aprobada por el Departamento de Estado en abril de 2026, de alrededor de 100.000 millones de dólares.

La dependencia estructural refuerza esta subordinación. En 2026, se estima que dos tercios (66%) de las importaciones europeas de gas natural licuado procederán de Estados Unidos, consolidando una nueva dependencia que sustituye a la rusa. En el ámbito tecnológico, tres «hyperscalers» estadounidenses (Amazon, Google, Microsoft) controlan más del 70% del mercado europeo de la nube, y la UE reconoce una dependencia casi absoluta en «chips» avanzados.

La injerencia ideológica se completa con la financiación de «think tanks» y organizaciones alineadas con el movimiento «MAGA» en Europa, con un programa de subvenciones de hasta 4,9 millones de dólares que busca exportar su agenda política. Esta combinación de presión militar, coerción económica y dependencia estructural dibuja un panorama en el que Europa, pese a sus intentos de autonomía, sigue atrapada en una relación asimétrica que se intensifica a medida que la potencia hegemónica pierde capacidad de imponer su voluntad por otros medios.

Frente a esta sumisión de las élites políticas, movimientos sociales recuperan el discurso antiimperialista y antimilitarista. Por ejemplo, en abril de 2026, cientos de manifestantes se concentraron en Madrid bajo el lema «OTAN no, bases fuera», exigiendo la salida de las tropas estadounidenses y denunciando la «economía de guerra» que el imperialismo pretende instalar.

El vasallaje no es nuevo, pero ahora se intensifica de manera explícita y sin disimulo. Lo que antaño se presentaba como una alianza entre iguales revela hoy su verdadera naturaleza: una relación extractiva en la que Europa entrega soberanía, recursos y capacidad militar a cambio de una protección que se ha vuelto condicional, temporal y siempre revisable.

Fuentes

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