Tercera parte de la serie de artículos sobre Ceuta, compuesta por Parte I: la crisis humanitaria y Parte II: causas geopolíticas.
Tres meses después de la grave crisis humanitaria en Ceuta, en la que 142 personas perdieron la vida, miles de personas migrantes siguen en las calles de la ciudad sin recibir atención, en situación de apartheid y sin tener dónde descansar, pues los asentamientos en las playas han sido desalojados sin ofrecer una alternativa. El estado español está llevando a cabo una política de desgaste, violencia y expulsión forzosa a Marruecos.
Grupos como Border Resistance, Apoyo Mutuo Ceuta, No Name Kitchen y Asociación Elín han documentado y denunciado estas violaciones sistemáticas de derechos humanos en Ceuta. Los más de 100 testimonios que han recogido son estremecedores: las personas migrantes cuentan cómo policías y militares los han perseguido, hostigado, agredido física y psicológicamente, humillado y hasta robado sus pertenencias. El objetivo parece ser que estas personas no encuentren otra salido que regresar a Marruecos y presentarlos como “retornos voluntarios”. Por su trabajo de documentación y atención a las personas en las calles, No Name Kitchen y Apoyo Mutuo Ceuta han sido criminalizados y perseguidos.
Hace una semana salía a la luz un vídeo que mostraba como militares abofeteaban a migrantes aparentemente menores. La situación de los menores en Ceuta es muy grave: muchos son trasladados a Marruecos por la fuerza, se producen cambios constantes en los procedimientos de acogida y se han reportado casos de violencia física y psicológica en los centros de menores. Esto supone claras violaciones a la ley de protección del menor y de la infancia.
También cabe destacar la situación de los solicitantes de asilo: el Ministerio del Interior está devolviendo a Marruecos a personas solicitantes de asilo que tenían autorizada su permanencia en el estado español. Muchas de estas personas vienen de países en guerra como Sudán, y al ser devueltas a Marruecos sufren maltrato y violencia y quedan abandonadas en el desierto.
La situación de las personas LGBTQIA+ es especialmente grave y urgente: muchas de sus solicitudes de protección y acogida son ignoradas, dejando en la calle a un colectivo perseguido y vulnerable. Además, se han recogido testimonios de tratos humillantes en los Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI) y de agresiones físicas y más robos de sus pertencias y sus móviles por parte de las autoridades. Si son deportadas a Marruecos, estas personas se arriesgan a penas de prisión.
Por si esto fuera poco, recientemente el gobierno español ha endurecido aún más su política migratoria con una nueva Ley de Asilo que acelera los plazos y dificulta el proceso y una modificación a la Ley de Extranjería, en línea con el nuevo Pacto Europeo de Migración y Asilo. Lo que ocurre en Ceuta no es un caso aislado, es consecuencia de siglos de colonización e imperialismo y de una necropolítica de frontera en la “Europa fortaleza”. No podemos seguir normalizando lo que ocurre y mirar hacia otro lado. La revolución será antirracista o no será.