La crisis en Ceuta. Parte I: la crisis humanitaria

Entre los días 30 y 31 de julio de 2026, la ciudad autónoma de Ceuta fue escenario de una de las crisis migratorias y humanitarias más graves en la historia reciente del Estado español. Las estimaciones oficiales cifran en más 70.000 el número de personas que cruzaron la frontera desde Marruecos, tanto por vía terrestre como marítima, en un lapso de apenas 24 horas. Según la ONG Caminando Fronteras, murieron 141 personas, siendo el episodio con el mayor número de víctimas mortales registrado hasta el momento. Un mes después la situación en Ceuta es gravísima, con ataques continuos organizados por la extrema derecha y por grupos fascistas a las personas migrantes y a las organizaciones y activistas que intentan brindar apoyo y ayuda humanitaria, con la connivencia en muchos casos de las fuerzas de seguridad del Estado, que forman parte activa de esta represión.

Una vez más, la respuesta del Gobierno español y de la Unión Europea (UE) se ha centrado en reforzar la militarización fronteriza y la expulsión de las personas migrantes, en lugar de proporcionar todos los medios necesarios que garanticen ayuda humanitaria, un trato digno y el respeto del Derecho Internacional, especialmente en materia de asilo. A pesar de que todos los países miembros de la UE forman parte del Convenio Europeo de Derechos Humanos y de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de la ONU, el trato mediático que se hace de eventos como el ocurrido hace un mes en Ceuta parece omitir las obligaciones del Estado en esta materia. En lugar de informar a la ciudadanía sobre cómo debería actuar el Estado español, miembro de los mencionados tratados, para respetar escrupulosamente el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, para que la ciudadanía pueda estar vigilante ante cualquier vulneración de estos derechos, el discurso de los grandes medios de comunicación y de una parte importante de la clase política nacional y europea, incluso de quienes se consideran progresistas, se centra en la promoción de posturas racistas. Califican de “invasión” el evento y exigen la rápida expulsión de estas personas, dejando de lado todo tipo de consideración a la dignidad de las personas migrantes. Como denuncia Afrocolectiva, el uso de los medios de un lenguaje deshumanizador para describir lo que está pasando “convierte a las personas migrantes en una masa amenazante” e “influye en el público y crea el caldo de cultivo para el miedo social, en lugar de la empatía“.

Las causas de este fenómeno migratorio son profundas y complejas. Históricamente, la colonización de África por parte de potencias europeas y las políticas neocoloniales posteriores que han perpetuado la explotación de sus recursos y su sumisión económica han generado un desequilibrio que ha permitido que estas potencias europeas se enriquezcan gracias a los recursos de estos países africanos, dejando una población empobrecida que, como cualquier ser humano, busca mejorar sus condiciones de vida, entre otras formas, migrando a Europa. Sin embargo, en las fronteras europeas, mientras se permite el libre tránsito de mercancías y capitales, a las personas se les niega la movilidad.

Mientras tanto, la tensión en Ceuta se mantiene, alentada por grupos fascistas que utilizan las redes sociales para promover discursos de odio y organizar auténticos pogromos. Los hechos ocurridos en Ceuta recuerdan a las cacerías racistas de Torre Pacheco (Murcia) hace un año y de Belfast hace tanto solo dos meses. Este último episodio apunta hacia una peligrosa normalización de posturas fascistas.

El fascismo encuentra hoy un resurgimiento gracias a figuras de la extrema derecha como las de Alvise Pérez o grupos como Núcleo Nacional, que intentan capitalizar el descontento social, alimentando el odio y el racismo a través de discursos que culpan a los migrantes del empeoramiento de las condiciones de vida de la población. Esta estrategia, amplificada por los grandes medios de comunicación, desvía la atención de las verdaderas causas de la desigualdad y la pérdida de derechos, perpetuando la idea de que las personas vulnerables son una amenaza. La ciudadanía debe tomar consciencia de la actuación irresponsable de comunicadores y medios estos días. Al dar voz o ser portavoces de discursos que deshumanizan a las personas migrantes están, por un lado, incitando a una parte de la ciudadanía a atacar a estas personas y, por otro, favoreciendo que no se condenen estos ataques.

Los cuerpos de seguridad del Estado han reprimido tanto a personas migrantes como a activistas que denuncian la situación. Esta represión, unida a la pasividad mostrada ante los ataques fascistas, dibuja un panorama de desprotección para las personas migrantes. La Unión Europea lleva más de una década asentando una política de exclusión y de vulneración de los derechos de las personas migrantes. En 2016, como respuesta a la crisis de los refugiados, la UE firmaba el conocido como “acuerdo de la vergüenza” con Turquía, con el que, a cambio de miles de millones de euros, Turquía pasaba a convertirse en el guardián encargado de frenar el flujo migratorio hacia la UE. En lugar de establecer corredores humanitarios seguros para garantizar “el derecho de asilo contemplado por la legislación internacional y europea”, Europa pasaba a convertirse en la Europa-fortaleza. En el caso de Marruecos, el Estado español y la UE llevan décadas construyendo una estrategia que comparte similitudes con el caso turco. La militarización de la frontera y la externalización de la gestión migratoria a Marruecos, financiada con fondos europeos, son estrategias que buscan eludir la legalidad internacional, vulnerando derechos fundamentales como la asistencia legal y la posibilidad de solicitar protección internacional.

Frente a la instrumentalización y los ataques de la derecha y del fascismo a las personas migrantes, diversas organizaciones, como No Name Kitchen, Border Resistance, Horizontal (Coordinadora Anarquista) y Regularización Ya, están en el terreno dando apoyo y recursos básicos a las personas migrantes a la vez que sufren los ataques tanto de grupos fascistas como de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Por eso, están realizando una campaña en redes sociales de denuncia y de llamada a la acción para llegar a toda persona que pueda donar o acudir a brindar ayuda. La organización fascista no puede superar a la solidaridad y al apoyo mutuo. Frente a su odio, organización antifascista.

Fuentes:

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