Radiografía de los pogromos: desde Torre Pacheco a Belfast

Las imágenes del mes pasado de violencia racista en Irlanda del Norte son estremecedoras. Grupos de extrema derecha formados por hombres blancos enmascarados protagonizaron disturbios graves, quemando casas de familias racializadas que tuvieron que huir con sus hijxs. Estas cacerías racistas tienen un nombre: pogromo, término que viene del ruso погром, pogrom: «devastación», y que fue acuñado en el s. XIX para designar actos de violencia contra los judíos del Imperio Ruso.

Los pogromos se producen cuando un grupo de vecinos blancos y payos se organizan para ir a matar y robar a un grupo de personas racializadas, o migrantes, o musulmanas, o gitanas, por el simple hecho de serlo. La excusa suele ser un crimen cometido por una persona de ese grupo étnico o religioso, que puede ser un bulo o no, y que provoca un castigo colectivo por un acto individual, conllevando una deshumanización del colectivo.

Estos linchamientos se remontan al menos a la época de las Cruzadas, con persecución a judíos en 1180 y 1190 en Inglaterra y en 1391 en España. Más recientemente, hay pogromos documentados al pueblo gitano desde los años 70 en el estado español, y aunque son jaleados por la extrema derecha, se repiten bajo gobiernos de cualquier signo: son consecuencia del racismo estructural e institucional.

En Reino Unido, se ha producido un repunte de pogromos tras el Brexit. Los más destacados fueron en verano de 2024, cuando se produjeron grandes disturbios con ataques racistas, robos y quema de establecimientos y coches por toda Inglaterra tras el asesinato de tres menores en Southport que se atribuyó falsamente a un demandante de asilo musulmán.

En el estado español, destacan los pogromos gitanos desde los 90 hasta hoy en varios pueblos de Jaén, Granada, Sevilla y Almería relacionados con el agronegocio, y también más recientemente ataques a centros de menores en Madrid y Canarias. El verano de 2025 la violencia racista llenó las calles de Torre Pacheco, en Murcia: vecinos armados, palizas, proclamas racistas en la calle, cazas de migrantes y ataques a niñxs y centros de menores.

Estas cacerías de migrantes suelen ser incitadas en redes sociales por políticos o agitadores de extrema derecha como Vito Quiles en España o Tommy Robinson en Reino Unido, e incluso por tecnooligarcas como Elon Musk, que además favorece los discursos de odio racistas en su red social X.

Las autoridades, cuando actúan, lo hacen normalmente a posteriori, dejando completa impunidad al odio y al racismo en redes sociales. En Reino Unido, dos personas que tiraron objetos incendiarios a la policía durante recientes disturbios racistas en Southampton fueron sentenciadas a entre 2 y 3 años de cárcel, declarando el juez que era “un crimen de odio, nacido del odio a la policía y, en algunos casos, de ideas racistas”.

Esta sentencia contrasta con la reciente sentencia a activistas de Palestine Action UK, con penas de prisión de entre 4 a 8 años por daños materiales a una fábrica de Elbit Systems, empresa que colabora con el genocidio de Israel. En otro ejercicio de gimnasia mental, el juez declaró que el caso estaba conectado con el terrorismo porque “lxs activistas trataron de influenciar al gobierno israelí restringiendo su acceso a armamento.”

En el estado español, las sentencias relacionadas con discursos de odio en redes sociales suelen ser por contenido político de izquierdas, no por contenido de extrema derecha. Contrasta la impunidad del fascismo con la persecución del antifascismo: un ejemplo es la acusación reciente de la policía a cinco antifascistas granadinos de desórdenes y atentado a la autoridad por participar en una protesta contra un mitin del partido de ultraderecha de Vox el pasado 16 de abril, donde se vio cómo Abascal y su equipo de seguridad se saltaron el cordón policial y usaron la violencia contra lxs manifestantes.

La respuesta frente a los pogromos y la extrema derecha debe ser contundente: en Belfast se organizó una gran manifestación antirracista días después de los disturbios. La organización en brigadas antifascistas que confronten a los nazis y protejan a las comunidades más vulnerables suelen ser efectivas. La lucha anticapitalista debe reconocer la lucha antirracista y entender la relación entre la explotación, el colonialismo, el racismo y el capitalismo.

Fuentes:

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